Después de la lluvia
Después de la lluvia es un universo creado como “proyecto integrado” con alumnos de cuarto curso de la Real Escuela de Arte Dramático de Madrid, pertenecientes a las especialidades de dirección, interpretación, escenografía y dramaturgia, que unidos a otros profesionales de las artes escénicas, han fundido su experiencia, su energía y su ilusión en un proyecto común.
El mundo de Después de la lluvia quiere rescatar del texto, una reflexión sobre cómo el ser humano, cómo el hombre en su sentido más universal, vive alienado por la sociedad y, sobre cómo éste es capaz de vencer esa alienación enfrentándose a la realidad opresora y recuperando así su verdadera identidad. El deseo es capaz de vencer a la realidad, y de modificar la sociedad, para que el hombre vuelva a ser dueño de su propio destino.
El ser humano ha perdido totalmente la fe en si mismo, se siente de alguna manera incapaz de modificar esos mecanismos en los que se encuentra sumergido y, por lo tanto, su lucha se convierte en una lucha individual para sobrevivir. El ser humano no cree que sea posible modificar la sociedad y esto le lleva a aceptar esa realidad opresora en ocasiones sin cuestionarla y en otras sumergido en un terrible pesimismo que le lleva a la frustración más absoluta.
El espectáculo trata de comunicar al espectador que el hombre es capaz de luchar contra los mecanismos sociales mediante una recuperación de su identidad y mediante una mirada hacia el otro que lo salve del individualismo en el que está sumergido y que se está volviendo contra él mismo. Se pretende llegar a un desvelamiento de la alienación a través de la crítica.
El texto de Belbel puede ampliarse mediante una lectura concreta y contemporánea a nivel mundial partiendo del sentido principal del texto y de la conexión de éste con la contemporaneidad. Tras una serie de análisis y reflexiones, se decidió realizar una intervención sobre el texto ya que, para concretar el núcleo de convicción dramática era beneficioso realizar algunas modificaciones sobre el original que nos permitieran trabajar hacia una mayor eficacia narrativa.
El texto nos muestra a través de ocho personajes, trabajadores todos ellos de la misma empresa, lo que ocurre en la sociedad actual. La azotea de esta empresa funciona como un microcosmos en el que vemos reflejados todos los síntomas del tiempo en el que vivimos. Estamos en un espacio árido y seco donde hace años que no llueve, donde hace años que el hombre no se ha dejado llevar por sus instintos. El enfrentamiento entre la naturaleza y la sociedad se da en este texto de manera desgarradora. El hombre se encuentra atrapado en una red de envidias y rivalidades absurdas que ha ido tejiendo sobre su cuerpo como un impermeable que no le permite ver más allá de sí mismo ni comprender al resto de los individuos. El ser humano se encuentra solo, incomprendido, asumiendo una serie de objetivos vitales que no recuerda haberse impuesto. La sociedad del individualismo, del capitalismo, ha borrado paradójicamente al hombre, convirtiéndolo en una masa que se pisotea y escupe para adquirir un poder que nunca es suficiente.
Sin embargo, las pulsiones internas, la naturaleza, permanecen dentro de cada uno de estos individuos luchando por salir. Los hombres retienen dentro sus deseos, del mismo modo que el cielo se encuentra preñado por esa lluvia que nunca llega. Y es precisamente esa tensión entre la mecanización y el instinto uno de los temas que más se resaltan en la puesta en escena. El ser humano tiene todavía en sus entrañas esa lluvia que puede devolverle a su verdadera esencia y convertirle, de nuevo, en un ser capaz para la comunicación y para la entrega.
Todo ese mundo secreto que los personajes no desvelan a través de las palabras contrasta constantemente con lo que dicen y con lo que hacen. Se ha pretendido trasladar ese mundo interno de cada uno de ellos al espacio, a la interpretación y a todos los elementos de significación escénica. Todo ello para decirle al hombre, al espectador, que existe una opción distinta que la de caminar a ciegas. Por eso, la puesta en escena exalta, no solo el laberinto de tensiones en el que se mueven todos y cada uno de los personajes, sino también ese mundo onírico que respira el individuo, esos sueños que truenan en el interior de cada ser y que como relámpagos fluyen de vez en cuando amenazando el sistema que los amarra y destruye.
Modificar los mecanismos sociales no puede ser una labor individual, la mirada al otro es necesaria, una mirada desde una comunicación profunda que el hombre parece haber perdido. La incomunicación ha llevado al olvido de su capacidad de amar y de tener fe, lo que hace que se sienta solo, frustrado, perdido. Solo mediante la mirada al otro el ser humano será capaz de trasformar la sociedad, y de dejar de cometer atrocidades para su propio beneficio.
En cuanto a la estética del espectáculo se ha querido subrayar el plano metafórico, lo que permite una lectura más universal del texto que nos habla del mundo y del ser humano en general, y no de una empresa y unos trabajadores concretos. Para ello, se ha partido de una estética que rozara el expresionismo, que se alejase en lo posible de una representación concreta de la realidad cotidiana y que nos dejase ver lo que se escondía detrás de esa realidad. De este modo, tanto el diseño de los figurines como el del espacio participa de la estética expresionista, tratando, a través de la sugerencia, de rescatar las distintas tensiones que se establecen entre la realidad y el deseo, mostrando la tensión existente entre lo impuesto, lo que nos amarra y los deseos ocultos, lo que se esconde detrás de esa realidad opresora, desde un mundo que roza el surrealismo.
El eclecticismo en la elección escénica, recoge distintos referentes culturales, por ejemplo, la estética oriental, que genera unas sugerencias determinadas que apoyan el dramatismo, otorgando un tinte característico que unifica la estética de todos los personajes. El cromatismo, los materiales, las texturas y otra serie de elementos dan unidad al conjunto, y tratan de representar la sequía en la que está sumida la sociedad.
La azotea de un edificio con la que se pretende sugerir la totalidad de la sociedad opresora, es el espacio donde se desarrolla la acción. Pero este espacio no pretende remitirnos exclusivamente a la azotea (espacio intermedio entre el interior y el exterior) y al exterior que se observa desde ella (la gran ciudad y el vació), sino que se ha pretendido sugerir también el espacio interior del edificio (la oficina), el espacio de la alineación, que se representa con unos “recintos” semejantes a las celdillas de una colmena de abejas.
El vestuario, el espacio sonoro y la iluminación están en consonancia con la elección estética y estilística, así como con el resto de los elementos de la puesta en escena. Los distintos elementos se utilizan como proyección del interior de los personajes, diferenciando sus deseos interiores de los comportamientos alienados, evasión de realidad, naturaleza de civilización, potenciando la irrealidad y la comedia de algunas de las escenas, y apoyando el ritmo general de la representación.
Así podríamos definir el conjunto como el universo de lo onírico, de la sugerencia, en la que se trata de trasmitir mediante distintos referentes artísticos y culturales la tensión existente entre el ser humano y la sociedad, entre la realidad y el deseo.
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